8 de diciembre de 2012



Llorando sin consuelo,  pidiendo ayuda a gritos,  me caigo en un  suelo teñido de sangre, esa espesa sangre que dejé caer, creyendo que así se aliviaría mi dolor acumulado en mi débil cuerpo durante tanto tiempo.
Y sigo llorando, clamando por piedad, rogando al cielo que me de una segunda oportunidad, que me ayude y que me saque de este infierno.
Sólo quiero que vuelvan esos días cálidos, en los que todo iba bien, en los que el llanto sólo era de alegría, ¿Qué debo hacer para volver a ser feliz?
- Volver a nacer- me  dice él, apoyando sus frías manos en mis hombros desnudos y cansados.
Y me siento inútil, me siento tonta.  Estoy herida y moribunda, pero nadie viene a ayudarme. Sólo oigo voces, repitiéndome que moriré sin conocer la luz, sin alcanzar la felicidad completa. Y a él, que me acompaña en mi agonía. Él, ese sin rostro que me ha dicho tantas cosas extrañas a lo largo de mi sufrimiento, cosas que, en el fondo, sí tenían sentido. Pero yo no supe hallarlas. Él, criatura anormal con sabias pero crueles palabras, muy crueles.

-Vamos- me dice cogiéndome de las manos- debes irte, espero volver a verte.


1 de diciembre de 2012




No puedo más. Este vacío que siento es horrible. Lo peor es que no puedo hacer nada. Cada día me voy a dormir y me levanto pensando en ti. Apareces en mis sueños. A lo largo del día de busco con la mirada, necesito verte. Te encuentro. Estás hablando y riéndote con tus amigos. No aparto la mirada de ti. Supongo que quizás te sientes un tanto observado y miras en mi dirección. Ves que te estoy mirando pero yo aparto mi mirada de ti por tanta vergüenza que siento en ese momento. Entonces me hundo. Veo que nunca voy a poder tenerte. Siento que no soy lo suficientemente bueno para ti. Me da vergüenza ir a hablarte, ser demasiado lanzada, ir rápido pero, las pocas veces que he podido intercambiado palabras contigo y escuchar tu voz han sido por iniciativa mía. Y es que me atormenta tanto lo que tú puedas llegar a pensar de mí...Si fuera positivo, si yo pudiese llegar a gustarte aunque fuese ni la mitad de lo que lo hago yo, sería capaz de gritar a los cuatro viento lo mucho que estoy enamorada de ti. Pero como sé que no es así, tengo que refugiarme en esta soledad de una noche que no me deja dormir. Quiero ser feliz. De verdad. Pero, ¿puede alguien ser feliz sabiendo que no puede tener lo que más desea? He pensado miles y miles de veces en renunciar a mis sentimientos, en pasar página a este interminable libro, de admitir que este es el final. Sin embargo, no es tan sencillo renunciar. No es nada fácil olvidar que lo que sientes no se va a ir, que se va a quedar.  Y mañana al despertar, volveré a sentir la misma impotencia y la misma angustia por seguir sintiendo lo que siento.