16 de febrero de 2013







Miércoles, 13 de febrero 2013. Un día como otro cualquiera. Me levanto a las siete en punto de la mañana a ritmo de Into the fire, de Thirtheen senses. Biología a primera hora. No me desagrada pero podría estar mejor. Camino al instituto imagino una vida junto a mi ídolo o recuerdo las mejores escenas del capítulo que vi el día anterior de Pequeñas mentirosas. La mañana transcurre como otra cualquiera. Una clase tras otra, hasta que llega la hora del patio, esa hora de libertad para muchos estudiantes. Donde me junto con mis dos amigas, en una de la esquinas del diminuto patio para hablar de un tema trivial, como siempre.
Le respondía a la oji-verde de mi amiga sobre la camiseta que me pedía que le dejase cuando, alzo la vista y me encuentro con él. Tal cual como en mi sueño de hace una semana, solo que sin entradas y con un amigo de los dos. Intercambiamos palabras entre los cinco que se encuentran en escena, se nota que han venido por interés, pero no preguntamos. El desgraciado timbre suena, y cada uno se va a por diferente camino. 
Ahora geografía. Normalmente estaría atenta a esta asignatura por el extenso temario que entra pero no puedo. Soy incapaz. Trato de asimilar lo hace apenas diez minutos estaba pasando. La sonrisa de mi cara no puede desaparecer. Soy feliz, lo soy mucho. Pero tenía miedo. ¿Y si solo ha sido un día? ¿Y si esa llama que ya apagada se encontraba, que por la punta se encendió por un sueño y que conseguí más o menos calmar, se ha vuelto a encender por completo? Tengo miedo. Mucho. 

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